La multimillonaria e histórica cifra que la FIFA espera recaudar en el Mundial 2026

La Copa del Mundo compartida entre Estados Unidos, México y Canadá romperá todos los récords de ingresos en la historia del fútbol, aunque persisten dudas sobre las ganancias reales para las selecciones y las ciudades sedes.

El Mundial 2026 no solo pasará a los libros de historia por ser el primero en contar con la participación de 48 selecciones nacionales, sino que también está perfilado para convertirse, por un amplio margen, en el evento deportivo más rentable jamás organizado por el ser humano. El ente rector del balompié global, la FIFA, ha proyectado unos ingresos astronómicos que alcanzan los $13.000 millones de dólares a lo largo del ciclo comercial 2023-2026. De esa impresionante masa monetaria, se calcula que aproximadamente $8.900 millones de dólares ingresarán de manera exclusiva durante el año de la competencia orbital, la cual se disputará en suelo norteamericano entre el 11 de junio y el 19 de julio.

La magnitud financiera de esta edición deja completamente rezagados los registros económicos de los campeonatos más recientes. La proyección establecida para este 2026 representa un crecimiento vertical del 56% en comparación con lo recaudado en el Mundial de Catar 2022, supera en un 67% las cifras registradas en Rusia 2018 y duplica en su totalidad las ganancias que dejó la cita de Brasil 2014. Especialistas del Observatorio del Fútbol del CIES de Neuchâtel explican que este boom financiero responde directamente a la monumental vitrina comercial que ofrece la localía compartida de tres naciones y a un agresivo rediseño en las estrategias de venta, tales como la implementación de tarifas dinámicas en la boletería y la optimización de los lucrativos derechos de retransmisión televisiva.

Mayores premios sobre la mesa, pero con gastos de viaje por las nubes

Para lograr la correcta puesta en marcha de semejante gigante logístico, la FIFA contempla ejecutar un presupuesto de gastos que asciende a los $3.700 millones de dólares para la organización del torneo. De esa gran bolsa, cerca de una cuarta parte se destinará directamente a subsidiar a las delegaciones participantes y a recompensar a los clubes de fútbol que presten a sus estrellas profesionales para disputar el torneo. De hecho, la bolsa de premios en efectivo para las selecciones se incrementó un 15% recientemente, fijando un histórico acumulado de $871 millones de dólares a repartir. En esta distribución, cada Federación participante se asegurará una base mínima de $12,5 millones de dólares solo por jugar la fase de grupos, mientras que el flamante campeón del mundo embolsará la jugosa cifra de $50 millones de dólares.

A pesar de estas atractivas e inéditas sumas, el panorama no es del todo idílico ni garantiza un beneficio económico neto automático para todas las federaciones nacionales. Las enormes distancias geográficas que separan a las sedes de Estados Unidos, Canadá y México, sumadas a los constantes desplazamientos aéreos y a las fuertes cargas impositivas vigentes en territorio estadounidense y canadiense, amenazan con inflar drásticamente los costos de operación de los equipos. Expertos y fuentes cercanas al fútbol de élite internacional calculan que, para que una selección pueda registrar ganancias netas reales y no terminar con saldo en rojo, tendrá la obligación deportiva de escalar en el cuadro hasta la exigente ronda de los cuartos de final.

Interrogantes turísticos en las sedes y las grandes excepciones

Las ciudades anfitrionas que albergarán los partidos de fútbol también se encuentran asumiendo un fuerte pulso económico lleno de grandes incógnitas. Si bien el certamen de la FIFA les promete una vitrina publicitaria inigualable a nivel global y un gran impulso en el sector del turismo, la realidad contractual estipula que el grueso de los ingresos directos por concepto del evento queda blindado en manos de la organización internacional, obligando a los gobiernos locales a financiar con recursos públicos los multimillonarios costos de infraestructura y de esquemas de seguridad. Para encender aún más las alarmas de las autoridades locales, la Asociación Estadounidense de Hoteleros advirtió sobre un volumen de reservas de alojamiento que, a la fecha, se ubica por debajo de las expectativas iniciales en varias de las ciudades sedes.

A pesar de las dudas generales de los hoteleros, existen algunas ciudades que proyectan transformarse en auténticas minas de oro durante el verano de la Copa del Mundo. Un ejemplo claro de éxito es Miami, localidad que recibirá siete compromisos oficiales y que augura la llegada de un millón de visitantes, generando de paso unos 9.000 puestos de trabajo temporales en una época del año que históricamente suele ser baja para su sector turístico. En una escala aún mayor se ubica el comité organizador de la zona metropolitana de Nueva York-Nueva Jersey, sede que albergará ocho partidos del calendario —incluyendo la finalísima global— y que ha calculado un brutal impacto económico regional de aproximadamente $3.300 millones de dólares.

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